domingo, 15 de mayo de 2016

Las cosas por su nombre.

Me forzaron sexualmente. Soy una mujer fuerte y con carácter, podría parecer que eso solo les ocurre a mujeres frágiles o débiles, pero ninguna estamos libres de que puedan abusar de nosotras o nos obliguen a hacer cosas que no queremos, y eso es un abuso y de haber penetración, una violación. Tenemos metido en la cabeza que violación es cuando un hombre sale de la nada y te obliga, con violencia y bajo amenazas, a hacer contigo lo que quiera, pero en cuanto te obligan en contra de tu voluntad, es una violación, la cometa quien la cometa.
Cuando tenía 15 ó 16 años (tengo 32) me ocurrió que iba de fiesta con mi club deportivo, que era mixto (aunque solo éramos 2 chicas) y de diferentes edades, yo era la pequeña. Hacíamos cenas del club regularmente y luego salíamos un rato; Como mi madre los conocía a todos del barrio, no tenía inconveniente en que fuera. Nos llevábamos todos muy bien y había mucho respeto, estaba siempre muy cómoda y protegida por ser la menor, eran como mis hermanos mayores, así lo sentía.
A mi me gustaba mucho uno de los chicos de mi edad, parecía que yo también le gustaba y nos pasamos la noche hablando sin intentar más, muy bonito, tonteando como críos que éramos. 
En un momento de la noche, otro de los chicos me dijo que lo acompañase a por un suéter porque tenía frío, le dije que lo acompañase otro, pero no quiso, así que le dije que fuésemos muy rápido. En el camino hablamos del chico que me gustaba, le dije que estaba muy a gusto con él y que me gustaría que llegásemos a salir. Al llegar al coche se sentó en el asiento de atrás (el coche era de otro compañero del club), me dijo que entrase porque quería contarme algo, yo iba bastante bebida y fui tan tonta que le creí y entré... cuando cerró la puerta se me echó encima y se sacó el pene, yo no paraba de empujarlo, de decirle que no quería nada con él, que nos fuésemos, que no quería eso, pero me dijo que le iba a contar a todo el mundo si no le ayudaba a correrse y, llorando ya, le masturbé con la mano. Cuando salimos del coche resultó que lo sabían todos, porque al tardar en volver, vinieron el dueño del coche y el chico que me gustaba a ver si estábamos bien y nos vieron en el asiento de atrás. Esa había sido mi primera experiencia sexual.
Cuando me dejaron en casa de madrugada, estuve mucho tiempo llorando en el patio sin subir a casa, no sabía gestionarlo, sabía que no había querido hacerlo, pero lo hice y no salí corriendo, debía haberle pegado, salir de allí y contárselo a todos, pero no lo hice y eso me hacía sentir culpable y sucia. 
A los días, reuní toda la dignidad que pude y acompañada por mi mejor amiga, fuimos a hablar con el abusador a su casa, que era la finca de enfrente de la de mis padres, le dije que había sido un cerdo y me había obligado y amenazado, lo reconoció, me pidió perdón (que no me servía ya de nada) y me dijo que el otro chico se había ilusionado conmigo y de no ser por lo que hizo éste, habría querido algo serio conmigo y que lo hizo por celos o no sé, pero así me quedé, con mi culpa, con el san benito y sin posibilidad de tener nada con el chico que me gustaba (esto me hacía sentir todavía más culpable e idiota). 
No lo había escrito antes y, si lo conté, creo que solo mi mejor amiga me creyó.
Aún en la última reunión el club que hicimos, alguien me mencionó el tema y le dije que no fue de mutuo acuerdo, que me forzó, pero no me creyeron, me preguntaron porqué no lo dije en ése momento si fue así y no supe qué contestar.
Mucho tiempo lo tuve bloqueado, no quería nada que me lo pudiera recordar y si lo recordaba me hacía sentir sucia y culpable, igual que ésa noche, pero hoy he tomado una decisión.
No voy a sentirme culpable y no soy yo quien debe avergonzarse. Si se volviese a presentar la ocasión, voy a defender mi honor, que ya son años martirizándome y a las cosas hay que llamarlas por su nombre.

Besos y mordiscos,
Calpurnia Yelps


lunes, 28 de marzo de 2016

El último robo

Hoy fui a un responso. La señora que me cuidó de pequeña perdió a uno de sus tres hijos por un cáncer.
Incluso en aquella triste tesitura me dijo "mi chica, mi chica", me hizo sentir especial y contó anécdotas de mi infancia a los que estábamos alrededor, a su hijo le tocaba bajar a por chupachups para cuando yo despertase... Como una reina me tenían, por eso mi madre confiaba tanto en ella y en sus hijos, que me vigilaban como si fuera a escapar de la cuna ubicada debajo de la tv, "porque la niña 'cabrita' se dormía con el ruido".
Mientras he ido creciendo, ella siempre ha estado cerca, sonriendo con su cara rosadita y sus ojos claros, haciendo notorio cuando me acercaba a donde estaba, que iba a ser más alta que ella y que me conocía "desde que era así" y me había tenido en brazos.
Los padres no tienen que sobrevivir a sus hijos, eso es antinatura y por definición, un robo.
Besos y mordiscos,
Calpurnia Yelps.